CHINCHILLA DE MONTE-ARAGON-POZO DE LA PEÑA

Antonio Ortega, de 37 años, se dirigía a las 2:00 horas del 28 de mayo de 1965 hacia una fábrica de ladrillos de Pozo de la Peña (Albacete) montado en una motocicleta. Circulaba por un camino que unía esta localidad con Chinchilla de Monte-Aragón. La pasar frente a unos olivos una luz salió a su encuentro y se puso a perseguirle, aumentando su velocidad conforme el testigo lo hacía. La luz estuvo a punto de alcanzarle pero, afortunadamente, el hombre llegó a su trabajo antes de que lo hiciera la luz.

A partir del avistamiento el señor Ortega comenzó a sentir molestias en un ojo que le impedía una correcta visión. Al día siguiente fueron sus piernas las que empezaron a fallar.

La salud del testigo continuó decayendo de manera rápida, siendo su estado tan grave que tuvo que ser hospitalizado y murió el 5 de junio de 1965, en escasos nueve días, dentro de un pulmón de acero.

Una especie de parálisis se había adueñado de su cuerpo. Según el médico que le atendió, el doctor Emilio Galiacho Vera, la muerte fue provocada por una “parálisis progresiva con infección cerebral, complicaciones al estómago y polio”.

El hombre no dio más importancia a la luz y nunca se relacionó la muerte de esta persona con la experiencia que había tenido hasta que años más tarde su propia hija encontró unos antiguos recortes de periódico en los que se hablaba de unas extrañas muertes de niños ocurridas un año más tarde en la zona, en las que uno de los síntomas era , precisamente, la parálisis.

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